La mujer peinandose

A la puerta de un edificio público con un gran jardín hay una familia completa. Viven ahí,en mitad del centro de Bombay. Rodeados del caos circulatorio y el contraste de opulentos edificios con vetustos vehículos y vacas deambulando en completa libertad por las calles. Han fijado su residencia en una amplia zona de la acera. No sé cuanto tiempo llevarán ahí, ni cuanto más durarán, pero a nadie parecen importarle ni molestarle. Cerca de la entrada del edificio público hay un grupo de policías de guardia, que no parecen estar excesivamente preocupados por los nuevos vecinos que tiene el objeto de su custodia. La familia se compone de varios niños pequeños desnudos, un hombre y una mujer aún jóvenes y una señora mayor que aparenta ser la abuela. Llevan consigo todas sus pertenencias, algo por otra parte bastante sencillo, ya que estas se reducen a a un par de viejas bicicletas, esteras para dormir y una caja de cartón con utensilios para cocinar. La chica, como ocurre entre las gentes humildes de la India, es la única de la familia que va vestida con cierto decoro. El resto, o van desnudos, o cubiertos con harapos de color indefinido y que, a fuerza de desgarros y costurones, han perdido su forma original, de tal manera que es difícil en algunas ocasiones, distinguir un pantalón de una camisa o de cualquier otra prenda.
La chica cierra sobre su cabeza las palmas de las manos y comienza a frotarlas dejando caer sobre su pelo alguna substancia que no alcanzo a reconocer en la distancia. A continuación, lentamente, con una exquisita delicadeza pero al mismo tiempo con energía, comienza a esponjarlo y desenredarlo con sus largos y finos dedos. Una hermosa cabellera, brillantemente obscura, casi azul de tan negra como es, fuerte, espesa, que parece querer expresar a los que la estamos observando la fuerza , la vitalidad, las ganas de vivir y de luchar que, a pesar de la pobreza y el desarraigo, anidan dentro de ella.

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